Puerto Rico 2020: obstáculos, logros y puentes

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Desde 80 Grados

Soplan vientos de cambios profundos en Puerto Rico. Las hojas secas se han movido y una nueva cosecha llena de esperanzas nos conmina a pensar y reflexionar sobre el presente y sobre el futuro.

En estas elecciones de 2020 algunos pronosticaban un triunfo sorpresivo del Movimiento Victoria Ciudadana. Otros anticipaban el fracaso del Partido Independentista Puertorriqueño. Reinaba algo de tensión en cuanto a los partidos mayoritarios, si sufrirían o no una merma significativa. Los alineamientos a la izquierda causaban cierto dolor intestinal en algunos sectores puesto que el PNP tendría la cancha abierta, a menos que los estadistas se vaciaran en Victoria Ciudadana. Circularon los llamados a votar por miedo a perder los “beneficios federales” y también el proverbial miedo a la “independencia”.

Quienes apostaban a la muerte del PIP lo hacían desde dos razonamientos: el agotamiento del paradigma del status para movilizar el voto patriótico o de izquierda, primero, y segundo, la emergencia de un partido como Victoria Ciudadana, de un perfil más atractivo y signos similares al PIP, entidad nueva y sin lastres históricos que se pronuncia por la “descolonización” y la justicia social entre otros temas claves.

El balance general es bueno para promover cambios en la política y el gobierno puertorriqueños, aunque se instala en la administración –no digo “poder” porque el poder sigue siendo del imperio– la entidad más furiosamente anti-independentista, anti-obrera y corrupta de nuestra historia de pueblo.

Veamos estas reflexiones en el ánimo de pensar juntos, esbozar ideas y no de imponer criterios:

[ADVERTENCIA: si usted cree sinceramente que esta lectura puede desviarlo de la prioridad de contar votos o apoyar la elección de Natal, los candidatos del MVC y Chaco Vargas Vidot, no lea, pospóngalo. No hay nada más importante que este recuento y la batalla que se libra allí es el mejor curso de educación política].

  1. Respecto al agotamiento del “status”: si bien es cierto que ya no convoca con igual determinación, el “status” fue uno de los polos de atracción que se encendieron en estas elecciones al punto que decenas de miles de independentistas y socialistas se vieron compelidos a salir en defensa del PIP, aun cuando no fueran afiliados o simpatizantes cercanos. Esa atracción fue reforzada por el MVC al poner en boga una narrativa que se considera contraria a los mejores intereses de la lucha independentista en general. Desde el MVC se afirmaba, por ejemplo, que la “estadidad” era una fórmula descolonizadora tan legítima como la independencia.

Ese tipo de razonamiento no le hace mucho sentido a ningún independentista, por no hablar de soberanistas. La estadidad o la anexión se ha visto siempre como la culminación de la colonia. El nuevo paradigma se ofrecía además desde un partido que se negó a actuar de cara al plebiscito “Estadidad sí o no” y dejó a sus militantes por la libre. Lúgaro fue más lejos: dijo en público que dejaría en blanco la papeleta, despachando así el asunto como una majadería, mientras la segunda en jerarquía aseguraba que votaría por la estadidad. Esta maniobra retórica le rebotó en contra al MVC y muchos terminaron convencidos de que la idea de un partido más amplio, progresista y anticolonial es buena o muy buena, pero en este momento sospechosamente incongruente. O, en términos más categóricos, algunos concluyeron que este MVC de 2020 no es un partido verdaderamente anticolonial.

¿De qué anexionismo hablan? Y la respuesta invariable era que eso se dilucida en la Asamblea Constitucional. ¿Por qué entonces incluirlo como una “forma descolonizadora” desde ahora, a base de qué historial del anexionismo? El vacío, la ambigüedad latente sobre este punto neurálgico se intentó presentar como un atractivo electoral. Borrar años de historia con el silencio o bien con un juego de palabras de tipo legal, en el fondo, sabemos ahora, no resultó convincente. El candidato a la gobernación del PIP sacó de siete a ocho veces más votos que la elección anterior, el voto íntegro se multiplicó por tres y sus candidatos a la Legislatura resultaron electos. El PNP atrajo a la abrumadora mayoría de los estadistas, aunque tuvo una merma considerable en su respaldo electoral que se redujo de 42% en 2016 a 33% en 2020.

Algunos proyectan que los independentistas se dividieron por el mismo medio, una mitad votó con Dalmau y otra mitad votó con Lúgaro. Donde no hubo diferencias fue en San Juan, aquí la abrumadora mayoría votó por Natal. En la ciudad capital se encuentra así la convergencia más prometedora, que incluye además una parte del movimiento sindical de avanzada, lo que se suma a un grupo más nutrido de legisladores comprometidos con la justicia social, el desarrollo ecosustentable, la equidad y el feminismo.

Sea por una u otra razón, acordemos que para decenas de miles de independentistas resultaba entonces incómodo el llamado a votar por el MVC-Lúgaro, y mucho menos íntegro. La tensión respecto al status no termina aquí porque bien se sabe que el PIP no hizo una campaña fuerte por el NO en el plebiscito. Tampoco lo hizo el PPD. Sacrificar el tema del status y el plebiscito por los objetivos electorales tuvo como consecuencia una demostración parcial del verdadero alcance de la fuerza antianexionista, si bien hay que celebrar que medio millón de puertorriqueños (más decenas de miles de votos en blanco) hizo frente a la demagogia y a la propaganda millonaria de miedo y manipulaciones del “Sí”. El proceso mismo de la campaña por el NO arroja una enorme ganancia. Hay que celebrar, por ejemplo, el extraordinario talento desplegado por nuestros artistas y creadores. Además, es importante reconocer el trabajo paciente, anónimo y perseverante de decenas de jóvenes que constituyen el relevo de la centenaria lucha independentista.

  1. La idea de una victoria electoral sorpresiva: En el marco de las elecciones 2020 el MVC se presenta como una “opción de triunfo”. Cientos de alocuciones y decenas de artículos y mensajes pronosticaban una sorprendente victoria electoral de Victoria Ciudadana. Esta otra narrativa no fue del todo eficaz y condujo por lo menos a dos razonamientos distintos, pero no excluyentes: por un lado, mucha gente pensó que si tienen posibilidades de “triunfo” lo mejor para un independentista y socialista sería votar por el PIP. En caso de un triunfo total del MVC más vale que existiera una agrupación con representación legislativa que abogara por la “verdadera descolonización”. Por el otro lado, mucha gente también pensó que la narrativa triunfalista ocultaba de hecho una debilidad organizativa y que en todo caso convendría fortalecer la institución conocida como consecuentemente independentista y patriótica con un programa además socialista y de avanzada (de hecho bastante parecido al programa del MVC).

Se sabe, además, que un partido que no postula candidatos a la mayoría de las alcaldías y puestos legislativos tiene poca o ninguna probabilidad de prevalecer en unas elecciones generales en Puerto Rico. La convicción de que Lúgaro no tendría oportunidad de ganar las elecciones movió a muchos otros independentistas a un nuevo tipo de “voto útil”: votaron por Dalmau y votaron también por los candidatos del MVC conscientes de que el PIP ya cuenta con una base histórica para sus candidatos a la Legislatura. El voto por Natal es prueba contundente de ese desplazamiento táctico. Por el candidato a alcalde del PIP votaron 4 mil de los 23 mil que votaron por Dalmau en San Juan. Esos otros 19 mil, que en su mayoría deben ser independentistas, representan casi la mitad de los votos obtenidos por Natal en San Juan, jóvenes y no tan jóvenes que hoy apoyan el recuento de votos en el Coliseo convencidos de la importancia de esta convergencia y de la relevancia del MVC para el futuro de Puerto Rico.

El “voto útil” cesó en el 2020: muchos independentistas y socialistas no afiliados que con frecuencia cruzaban líneas a favor del PPD para tumbar al PNP no prestaron su voto. Esto es parte de los factores que explican los 170 mil votos que alcanzó Dalmau y los 176 mil que alcanzó Lúgaro. Este desplazamiento queda más o menos reflejado en la elección de sus legisladores: de cinco electos por el MVC, cuatro son independentistas. Al grupo independentista hay que sumar a Chaco Vargas Vidot, un campeón de las causas sociales en este país, y los dos candidatos electos por el PIP, ambos con gran experiencia legislativa, lo que compone un caucus independentista de siete legisladores, algo solo comparable a la experiencia de 1952.

  1. El futuro inmediato: Los que están por la descolonización y la justicia social votaron tanto por el PIP como por el MVC. El voto tradicional por los partidos mayoritarios se redujo. Aproximadamente un 37 por ciento de los electores abandonó los partidos coloniales tradicionales. Aún así es probable que miles de votos descontentos hayan parado en el PPD, pero resulta difícil pensar que fueran los más politizados. La convergencia de las izquierdas se dio en la calle y en la caseta electoral, sin acuerdo institucional entre los partidos. Y esta apunta ser la gran noticia del 2020: se trata de una convergencia por abajo, sin jerarquías, como en el verano de 2019.

En cuanto a respaldo electoral, luce que el PIP y el MVC tienen más o menos el mismo peso. El PIP apunta a ser un partido con más coherencia ideológica que el MVC. Esa ambigüedad tiene sus ventajas, no hay duda, y sus desventajas, de lo que tampoco hay dudas. Aún así, estimo que esa ligera ventaja que tiene el PIP en este terreno se ve afectada por las prácticas políticas típicas de una organización pequeña que tiende al celo institucional, con poca actividad fuera de las dinámicas electorales, muy dependiente de su proyección pública en la legislatura. Esto ha cambiado en los últimos años. El PIP ha estado muy presente en luchas comunitarias y ambientales, Peñuelas, por ejemplo. Si se afirmara más en esa dirección, tendría otro futuro, un futuro que rebasa y supera lo electoral.

El MVC, en cambio, opera como un “movimiento” sin jerarquías duras, a base de redes y de una suerte de agrupamientos moleculares que se define por intereses y afinidades en lugar de espacios geográficos típicos como el “municipio”. Esa flexibilidad proviene de una fuerte convicción política de pasar el poder a la ciudadanía y de entender la política como un ejercicio de verdad democrático, y al ciudadano como un sujeto digno y no como una simple pieza de maniobra electoral. Heredera en parte de la influencia de VAMOS, que propició mediante diálogos y seminarios su fundación, el MVC valora mucho más que el PIP las expresiones multisectoriales y los movimientos comunitarios, lo que se refleja también en la elección de sus legisladores en donde pueden encontrarse representados, por igual, el movimiento obrero, el feminismo, la comunidad LGBTQ, los derechos humanos y el hacer diverso de los y las activistas sociales.

Ahora bien: para cambiar la situación del país hay que ponerse de acuerdo. Gobernar, moverse a grandes transformaciones económicas y sociales requiere de la voluntad firme de los partidos anticoloniales y no solamente de la gente en la calle.

El sector más juvenil, muchos de los cuales proviene de las experiencias huelgarias universitarias de 2010 al 2017, constituye un factor de enorme trascendencia en esta coyuntura. Luce más maduro y listo para el combate en las latitudes electorales que otras generaciones del pasado. No cargan, por ejemplo, con los lastres históricos del vanguardismo de los años ’70 y su noción de democracia, ciudadanía y participación está más oxigenada por la lucha global contra el capitalismo, el cambio climático y el patriarcado que por un socialismo dogmático. Aunque haya excepciones, estimo que esta fuerza juvenil junto al independentismo no afiliado –de considerable más edad–, visualiza al MVC y al PIP, y sus respectivas periferias, como un espacio de convergencia viable y prometedora a largo plazo.

Ese ambiente de camaradería hiere de alguna forma a quienes no aceptan estas dos nuevas realidades: por un lado, un Partido Independentista fortalecido y con garantías de continuidad dado el reconocimiento alcanzado por su líder máximo y el hecho de que se ha nutrido de jóvenes muy capaces y de gran compromiso; y por el otro, la emergencia de un nuevo partido, heterogéneo, de avanzada en su programa de transformación social y con un brazo independentista y socialista de gran peso, en donde se perfilan además dos líderes de estatura nacional, muy jóvenes, junto a un nuevo grupo de legisladores que ampliará mucho más su proyección.

Ninguna de estas dos nuevas realidades se borrará o se marchitará por actos de negación o ninguneos. Decir, por ejemplo, que no hay nada más importante que la demostración del PIP en estas elecciones es una exageración. Igual lo es afirmar que el MVC, dada la fuerza y amplitud demostrada, puede darse el lujo de despreciar la fuerza que representa el PIP y los independentistas y socialistas no afiliados así como el resto de ese horizonte de izquierdas que se abre paso en la formación de cuadros y las expresiones diversas de los movimientos sociales de avanzada.

El MVC tendrá que lidiar, como el PIP, con las incoherencias y las limitaciones que le corresponden. Ambas formaciones deben estar conscientes de que un sector muy vivo de su respaldo electoral abriga profundas esperanzas de que, en el futuro, las fuerzas de izquierda no se cancelen y que por el contrario convivan, compartan, caminen y golpeen juntos.

La gestión monstruosa que se espera de la Junta de Control Fiscal, la reconfiguración de Estados Unidos como un país con una derecha fuerte y amenazante a corto y largo plazo, el deterioro precipitado de la calidad de vida en Puerto Rico y la rápida expropiación de tierras y propiedades a manos extranjeras, todo eso apunta a enormes desafíos. Frente a ese horizonte tenemos el deber de elevar las prácticas políticas de las izquierdas y de las fuerzas afines comprendidas en el feminismo, el movimiento obrero y estudiantil, la agroecología, el cooperativismo y la autogestión comunitaria, entre otras tantas expresiones de la voluntad de cambios en el país. Como dice VAMOS… unidos por el Puerto Rico que va a ser. Y si alguna vez fue cierta la admonición del crítico peruano, Julio Ortega, de que Puerto Rico era lo más parecido a un archipiélago sin puentes, digamos ¡nunca más!

Posdata: En el 2022 se conmemora el 50 Aniversario de la muerte trágica de Roberto Clemente Walker, uno de los más admirados y venerados de los héroes puertorriqueños. Una gran jornada que honre su memoria y valore su lucha contra el racismo, su gloria en el deporte y su grandeza como ser humano, puertorriqueño e internacionalista, puede ser el marco de encuentros y deliberaciones que nos conduzcan a practicar otras formas de convergencias y avanzar hacia la descolonización. Lanzo la idea…



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