Opinión del Padre Orlando Lugo: ¡Pa’ fuera es que van!

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La guerra mediática entre los “pierluisistas” contra los “wandistas” esta semana es evidencia fehaciente de que aun existe una clase política comprometida solo con ellos mismos. La soberbia y las ansias ciegas por el poder embrutecen. Ya lo dice el refrán: “Jamás se desvía uno tan lejos cuando cree conocer bien el camino”. Admito que he sufrido mucho por culpa de esto, pues mi memoria afectiva se activó esta semana al recordar los años en que bajo la administración del ex gobernador Alejandro García Padilla se persiguieron desde algunos sectores de la prensa, apoyados por el Gobierno de Puerto Rico, a algunos sacerdotes. Les llamaban “pedófilos” cuando en realidad eran inocentes. Nadie les pidió disculpas luego, ni siquiera desde adentro de la misma iglesia. La herida quedó, Dios la sanó.

Y es que las guerras entre bandos solo causan dolor y profundas heridas. Recuerdo que en la batalla contra los sacerdotes, estando yo en Italia, recibí la llamada de José Cruz, uno de los comunicadores más audaces en el manejo de crisis mediática en nuestro país. Me dijo: “Cuando la discusión pública se vuelve irracional, es momento de hacer silencio. ¡No hables más Orlando! La honestidad de los argumentos terminarán mostrando, ella misma, la verdad”. Y así fue. Si algo aprendí de ese gran maestro es que uno siempre dice la verdad con honestidad, porque aunque no la crean, ella misma terminará imponiéndose solita.

La “honestidad” es un concepto que la sagrada escritura define claramente. En el evangelio según san Juan, por ejemplo, se expresa: “No amemos de palabras ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad”. Algunos políticos, especialmente los que se jactan de ser cristianos, deben aprender que la honestidad se predica con hechos, y no solo con palabras, especialmente en los momentos de mayor crisis social. Además, la honestidad implica practicar la “integridad” y luchar por destruir la “hipocresía” (Prov.11,31). Practicar “la justicia y el derecho” sin chanchullos (Prov.21,31), y no vivir “en la obscuridad ni la mentira” (1 Jn.1,6). Una persona honesta se compromete en siempre “mostrar respeto y honor” (Rom.13,7), actuando con un “corazón limpio” (Mt.5,8). Ser honesto es reconocer que “el perverso provoca contiendas, y el chismoso divide a los buenos amigos”(Prov.1,28). ¿Representantes como Tata Charbonier y Carlos Johnny Méndez, entenderán esto?

En definitiva, la fe enseña que la honestidad no es un concepto vacío y desarrolla buenos servidores públicos. La persona aprende a “guardar silencio”, a esperar “con paciencia”, así como a no irritarse “de los que maquinan planes malvados” (Sal.37,7). No todos entienden esto, lo sé. Algunos prefieren los votos antes que ser honestos. Por eso el pueblo los vigila y les advierte a los servidores públicos, del PNP o PPD, que si no actúa con honestidad en el descargue de su responsabilidad, en el 2020, pa’ fuera es que van.





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