Basura | Metro

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Aquí va otro cuento de esos de los que se anticipa un final de terror.

Érase una vez una isla que en 1992 aprobó una ley de reciclaje. Esa Ley exigía índices de cumplimiento que iban “in crescendo”. Solo que el crecimiento se quedó en intención.

Como pasa con montones de leyes que luego se convierten en hojas sin valor, casi 30 años después de aquel estatuto, Puerto Rico a penas cumple con un raquítico 10 por ciento de nivel de reciclaje. Y eso no significa otra cosa que como país hemos sido totalmente incapaces de dar los pasos necesarios para reducir nuestros desperdicios sólidos y rehusar los que ya producimos. E

El problema es que se nos acaba el tiempo. Y esta vez va en serio. Según Carmen Guerrero, directora de la Agencia Federal de Protección Ambiental para Puerto Rico y el Caribe, los 29 espacios donde echamos la basura dejarán de ser viables en dos años. ¿Sabe lo que eso significa? Que en dos años no tendremos donde echar de manera ordenada la basura que producimos.

El desgaste de esos 29 espacios de depósito de basura se veía venir -otra vez- hace años. Tenemos 18 vertederos y 11 sistemas de relleno sanitario. Y aunque en ambos se echa basura, no son la misma cosa. Los vertederos no cumplen con los requisitos y protecciones ambientales necesarias para evitar daño ambiental (nótese que esos, los que incumplen, son la mayoría). En cambio, los sistemas de relleno sí cumplen con normas como la colocación de filtros que eviten que la contaminación llegue a parar a los cuerpos de agua subterránea, entre otras cosas.

Pero aunque hace unos años se pensaba que estos 29 lugares tendrían alguito más de vida, los huracanes Irma y María les acortaron la vida. ¿La razón? Que ambos sistemas produjeron 12 millones de yardas cúbicas de basura. O lo que es lo mismo: en solo un par de meses se produjo la basura equivalente a dos años.  Ahora estamos fritos.

Según Guerrero, si los municipios -encargados de la vida y mantenimiento de vertederos y sistemas de relleno- no invierten (menudo chiste cuando más de 40 no tienen ni para nómina) entonces en dos años no podrán ser utilizados. La funcionaria ha dejado claro que no todo está perdido. Si los municipios logran hacer la inversión y sacar los permisos para extender las “celdas” de los vertederos y sistemas de relleno, entonces podrían ocuparse terrenos aledaños para seguir echando basura por lo menos por los próximos 20 años. La pregunta es si eso es lo que queremos. ¿En realidad la solución debe ser seguir ocupando tierras hábiles para sembrarlas de basura? Basura de idea,¿no cree?

Guerrero apuesta a que la extensión de las celdas de los vertederos es inevitable, pero debe llegar acompañada del cumplimiento (de una vez y por todas, bendito sea Dios) de la Ley de Reciclaje. Esa misma que solo cumple por excepción. Municipios como Carolina o Guaynabo son buenos ejemplos de ayuntamientos donde el reciclaje no se limita al ámbito de la ciencia ficción. Pero por lo demás, reciclar en Puerto Rico es algo así como una idea de futuro. Un plan de avanzada en el que hemos avanzado muy poco a juzgar por los pasos adelantados por otros países con leyes similares. Aquí seguimos con lo intangible. Con los mensajes cargados de propuestas que todos sabemos que llegan cargadas de mucho pero terminan en muy poco.

En medio de la coyuntura actual, reciclar no es solo imperativo como solución a nuestro problema de desperdicios sólidos. También lo es como propuesta de desarrollo económico. Porque la basura, así, maloliente y molestosa, puede dar paso a industrias de reúso que -según expertos- podrían convertirse en espacios de empleo para miles de puertorriqueños. Ahora falta que echemos la apatía al zafacón.

 





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